Los mecanismos de defensa son estrategias psicológicas que las personas utilizan para manejar la ansiedad y los conflictos internos. A lo largo del desarrollo, se identifican varios de estos mecanismos, cada uno con un papel específico en la protección del individuo frente a emociones difíciles.
Uno de los mecanismos más destacados es la represión, que actúa como un filtro, impidiendo que pensamientos o recuerdos dolorosos lleguen a la conciencia. Esto permite a las personas evitar el malestar emocional y seguir adelante en su vida.
La proyección es otro mecanismo importante, donde una persona atribuye a otros sus propios pensamientos o sentimientos inaceptables. Esta estrategia ayuda a desviar la atención de sus problemas internos, reduciendo así la carga de culpa o ansiedad.
La racionalización permite a las personas justificar sus comportamientos inadecuados con explicaciones que suenan lógicas o aceptables socialmente. Esto es útil para mantener una imagen positiva de sí mismos, a pesar de sus acciones.
El desplazamiento se manifiesta cuando una persona redirige sus emociones hacia un objetivo que resulta ser menos amenazante. Por ejemplo, alguien que ha tenido un día difícil en el trabajo y se siente frustrado con su jefe puede llegar a casa y estallar en ira con un ser querido o incluso con una mascota, en lugar de confrontar la fuente real de su frustración. De esta manera, se evita el conflicto directo y se canalizan las emociones hacia un entorno más seguro
La sublimación se considera un mecanismo positivo, ya que transforma impulsos inaceptables en actividades socialmente aceptadas, como el arte o el deporte, contribuyendo al desarrollo personal.
Finalmente, La regresión ocurre cuando una persona vuelve a comportamientos o etapas de desarrollo anteriores como respuesta al estrés. Un ejemplo podría ser un adolescente que, al enfrentar la presión de los exámenes, comienza a pedir a sus padres que lo ayuden con tareas que ya había aprendido a hacer solo, como atarse los zapatos o elegir su ropa. Este retroceso puede ser una forma de buscar consuelo y seguridad en momentos de ansiedad, mostrando que, a pesar de haber crecido, aún hay necesidades emocionales que buscan ser atendidas.
Y, Si bien algunas críticas contemporáneas han señalado limitaciones en esta teoría, especialmente en su enfoque en los impulsos sexuales y la falta de evidencia empírica, su influencia en la psicología del desarrollo sigue siendo significativa. La comprensión de estos mecanismos nos ayuda a reconocer cómo las personas navegan por sus emociones y conflictos internos, lo que es fundamental para el crecimiento personal y la salud mental.
Aunque la actividad de usar plastilina en el aula podría parecer, a primera vista, una tarea sin gran importancia, en realidad pudo ofrecernos valiosas conexiones con el estudio de los mecanismos de defensa. A través de la manipulación de este material, no solo desarrollamos habilidades motoras finas, sino que también tienen la oportunidad de expresar emociones, fomentar la creatividad y colaborar con nuestros compañeros. De esta manera, la actividad se convirtió en un recurso significativo para explorar y comprender mejor las estrategias psicológicas que utilizamos en nuestra vida cotidiana.


No hay comentarios:
Publicar un comentario